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Los aguinaldos son una tradición arraigada en nuestro país, donde se entregan bonos o regalos a los trabajadores al final del año como muestra de gratitud y reconocimiento por su labor. Pero los aguinaldos no solo se limitan al ámbito laboral, también son parte fundamental de las celebraciones navideñas.

¡Esta es un anécdota sobre esta hermosa tradición de los aguinaldos!
* * * * * *

¿Cómo iniciar esta historia… esta anécdota?

Le he dado muchas vueltas al asunto, lo cierto es de que, me vienen a la cabeza muchas cosas sobre esa época de mi niñez en la cual, pues bueno, por cuestiones económicas teníamos que ir a los fraccionamientos de casas habitación para trabajar. En este caso, siendo niños, trabajamos en lo que podíamos, ya sea limpiando autos, barriendo patios, limpiando casas, lavando trastes, o sea, ese tipo de trabajos que un niño puede hacer para ganar dinero y comprar golosinas.

Ese era nuestro transcurrir diario (de varios niños) por las calles del fraccionamiento. Tempranito, a las 7:00 de la mañana ya estábamos tocando puertas.

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Y en ese transcurrir, pues bueno, teníamos que pasar por la calle donde estaba la Iglesia local.

En la cual el sacerdote, El Padre Feliciano, le tocó la ardua tarea de construir la Iglesia, desde cero prácticamente. Pidiendo donativos, cooperación, para ir construyéndola. Este sacerdote, cuando nos veía pasar rumbo al fraccionamiento, nos decía que “siempre andábamos en la calle”, que parecía que éramos niños de la calle. Y, a decir verdad, esa apariencia dábamos, de estar vagando de un lado a otro, de una calle a otra, de una casa a otra, tocando puertas.
Este sacerdote pensaba que nosotros pedíamos dinero, cuando en realidad nosotros pedíamos trabajo a cambio de dinero…
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…Con las limosnas y la cooperación que el sacerdote les pedía a los feligreses en las misas, compraba material para construir la iglesia, pero, como las calles no estaban pavimentadas, pues el carro de material lo dejaba bastante lejos. El carro no podía entrar hasta la puerta de la Iglesia. Entonces ese material se quedaba lejos, y el sacerdote, nos decía que “no anduviéramos de flojos”, que le ayudáramos a traer el material desde donde lo dejaron hasta dentro de la iglesia. Ya sea en carretillas, en cubetas, en bolsas, o en lo que se pudiera, con lo que podíamos cargar en un viaje, siendo niños, trasladábamos el material poco a poco. El material más pesado, como los bultos de cemento, varilla, etcétera, etcétera, pues bueno, ya se lo dejaba a los adultos.
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En realidad, el sacerdote no confiaba en los feligreses, decía; “Hay que traerlo dentro de la iglesia o si no, no amanece”.

En muchas ocasiones este sacerdote nos pidió ayuda de esta manera. Y ahí nos tenían, no solamente nosotros (mi hermano y yo), había muchos niños que trabajábamos en el fraccionamiento y a todos nos ocupaba, un día unos, otro día otros, y así. Esto era a lo largo del año, año tras año, mientras estaba construyendo la Iglesia.

Y lógicamente en las fiestas de fin de año, las fiestas navideñas, pues este sacerdote nos ocupaba para dos cosas, o más bien 3 cosas... (Empezando con los primeros días de diciembre se preparaba la Iglesia con adornos navideños y el Nacimiento.)
LA PRIMERA ERA: Acompañarlo a los establecimientos y a los negocios que había en la localidad para pedir donativos, total, ya estábamos acostumbrados a tocar puertas.

Por ejemplo, en las tiendas, se pedía donativo en especie, ya sean galletas, frituras, dulces, jugos, etcétera, de cosas que ya se le iba llegando la fecha de caducidad a esos productos y, obviamente, los locatarios aprovechaban estas fiestas y la ocasión para quedar bien y darlos como donativo. En las verdulerías o mercados locales, o sobre ruedas, se pedía fruta y/o semillas (nueces, almendras, pepitas, cacahuetes y demás). En los establecimientos, como, por ejemplo, carpinterías, talleres mecánicos, tintorerías, florerías, etcétera, los donativos eran de carácter de envoltorio, bolsas, cajitas, cinta adhesiva, listones, moños, cuerdas, gorros, silbatos, vasos, platos, entre otras cosas.

Entonces, con lo que las personas donaban el sacerdote podía hacer las fiestas de diciembre.

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¿Qué se hacían en estas fiestas de diciembre?

Pues bueno, se hacían las clásicas pre-Posadas desde el día 12, que es la festividad de la Virgen de Guadalupe en México, hasta el 16. Y a partir del 16 hasta el 25 eran las Posadas oficiales en donde acudía mucha más gente.

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LA SEGUNDA ERA: Una vez reunida la “mercancía” que los establecimientos donaban, nos utilizaba para formar las clásicas “bolsitas de aguinaldos”.

Y allí nos tenía, sentados en el patio de la iglesia seleccionando las cosas que se habían acumulado. Día tras día llegaba gente en carros o caminando con sus cajitas de donativos y las recibíamos o íbamos por ellas, según se necesitara. Se colocaban ahí todas juntas y entre los niños que nos ocupaba este sacerdote, pues estábamos metiendo la clásica colación o fruta con dulces, todo mezclado en una bolsita “era el clásico aguinaldo” que se daba en las Posadas por la tarde después de la misa del día.

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Una vez finalizada la misa, comenzaba la verbena popular. Afuera, había puestos de comida alrededor de la iglesia, en las calles aledañas y lógicamente toda la gente de la localidad se juntaba para esta verbena popular. Llevaban a sus niños, obviamente, para recibir estos aguinaldos, los niños/as hacían fila para poder recibir su bolsita. Eh, la verdad es que se hacían bastante chonchas (repletas) estas bolsitas, con bastante contenido porque la gente donaba bastante en ese entonces y, desde nuestra perspectiva de niños, pues lógicamente hacíamos lo que a nosotros nos gustaría recibir ¿no?, Fruta y dulces, caramelos, colaciones, más dulces, dulces de temporada que así le denominábamos, dulces que solamente aparecían en estas fechas, Paletas, Cacahuetes, Tejocotes, mandarinas, naranjas, caña, guayabas… de todo le poníamos en la bolsita, todo mezclado.
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Así se hacía la bolsita, una vez llena, se ponía su listoncito, su moñito y se acomodaban para su repartición en la posada.

Como decía, los chicos/as hacían fila allí, a un ladito de la entrada de la iglesia e iban pasando uno a uno, recibían sus bolsitas de aguinaldos y pasaban a la verbena popular “afuera” en la calle, a romper las piñatas, que era lo más esperado, con los cánticos, los villancicos, la clásica gente que pide posada, los que son los anfitriones.

Y así era cada noche, desde el 12 hasta el 25 de diciembre. Curiosamente a partir del 16 mucha gente donaba un poquito más de cosas y lógicamente la gente recibía más bolsitas de aguinaldo. Había niños que se llevaban 2, hasta 3 bolsitas porque había bastante para dar.

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Y ese era prácticamente nuestro trajinar los fines de año en estos días allí en la Iglesia. Lógicamente, aquí cabe señalar que, nosotros lo hacíamos “no tanto de buena voluntad”, lo hacíamos porque al final de cada día, el sacerdote nos daba nuestras bolsitas de “pre - aguinaldos” y de lo que fuera sobrando del día, pues bueno, sobre todo lo que es la fruta, que obviamente la gente donaba ya un poquito más maduritas, entonces, como  algunas no aguantaban para un día más, el sacerdote nos las daba, y ahí vamos de regreso a casa con nuestras buenas bolsas de fruta para comer, lógicamente dulces de todo tipo, como pago por nuestra ayuda.

Era algo extraño para mí, desde mi perspectiva, porque los niños iban con la ilusión de recibir su bolsita de aguinaldo, iban a la fiesta a divertirse con la partida de las piñatas… esperando su turno. Pero, desde nuestro punto de vista, nosotros le ayudábamos al sacerdote a repartir las cosas, desde recolectarlas, hacer los aguinaldos y luego repartirlos. Se podría decir que nosotros, de cierta manera, trabajábamos desde el otro lado de la moneda. Pero, aun así, para nosotros era divertido. Era algo, pues… no sé cómo decirlo. ¿Alegre? por que en realidad nos divertíamos haciendo eso. Y cuando la gente llegaba y se formaba con sonrisas por aquí, sonrisas por allá esperando turno para recibir sus aguinaldos nosotros nos sentíamos “a gusto”.

No mucha gente, supongo, sabía de dónde salían las cosas que se les daban a los niños, algunas creían que solamente el sacerdote, por ser sacerdote “buena onda”, compraba todo con las limosnas que los feligreses daban en las misas cuando se realizaban. Pero la realidad era otra, repito, era ir a pedir a los establecimientos los donativos, regresar, armar las bolsitas y acomodarlas en espera de la gente cuando llegase por la tarde.
Afuera, en la posada la gente se divertía con la música, con la comida que la gente vendía en su pequeño puestecito, tamales, tostaditas de Tinga o de frijolitos o de lo que sea, atole o el clásico ponche de frutas (aunque en la iglesia se hacía y se regalaba, a veces era insuficiente). Y adornos navideños, esferas, “de todo” para que la gente adornase en sus casas su nacimiento.
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Gratos recuerdos de esos días, la verdad, de cómo nosotros participamos en esta situación de fin de año, en estas fiestas decembrinas. Pues, con nuestro trabajo, a final de cuentas, es lo que dábamos nosotros como donativo. Aunque repito… al final del día recibimos una paga con las cosas que iban sobrando y que se repartían entre todos los que participábamos en la hechura de estos aguinaldos.

Sí, muy Gratos recuerdos, de otras épocas en donde la gente, pues “no le dolía el codo” para dar cosas, para dar donativos. En ocasiones, cuando el sacerdote llegaba a la iglesia, había cajas con fruta o dulces apiladas en la entrada, de gente que, de paso al trabajo a de regreso, compraba cosas y allí las dejaba.
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Y LA TERCERA COSA EN LA QUE NOS OCUPABA EL SACERDOTE ERA: Lógicamente… limpiar el basurero que la gente dejaba tras finalizar cada posada.
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Lamentablemente el sacerdote, el Padre Feliciano, quien era el que organizaba todo esto y que terminó de construir esta iglesia pidiendo donativos… falleció.

En su lugar llegó otro sacerdote, por lo que dicen mis familiares, yo ya no vivo en esa localidad, es un buen sacerdote, es una persona muy amable, muy involucrada en la Comunidad, pero no tan organizativo. Y bueno, de cierta manera, él fue el que disfrutó de esta iglesia ya terminada.

Y poco a poco esa tradición de gastar suelas, de recorrer calles en busca de donativos… se fue perdiendo.

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Lógicamente hay gente que ni siquiera sabe que fue construida por medio de donativos, del cómo nos utilizaba como niños para acarrear el material…

“Eh… para que los feligreses no se lo robaran” … Así, decía el sacerdote.

Nosotros lo hacíamos de esta manera por… cómo decirlo, “mandato” de este sacerdote, el Padre Feliciano, el cual nos traía ahí bien acarreados como ganado, arreando el ganado… “hagan esto, hagan esto otro, vamos por aquí, vamos por allá” y al final de cuentas, cuando este sacerdote fallece, el nuevo sacerdote ya no tuvo esa voluntad de salir a las calles a tocar a los establecimientos. Solamente a los feligreses que se acercaban a la Iglesia les pedía donativos, pero, lógicamente, también los feligreses ya se fueron alejando “un poquito de estas donaciones”, ya no daban como antes. Y en realidad es que, los que daban más eran los más viejitos, los más ancianos. Los hijos y nietos fueron perdieron esa costumbre de aportar.

Aunque he de ser honesto... el nuevo sacerdote sí se encargó de arreglar el panteón local, colocando muros y arreglando la entrada. Tarea que estaba en la lista del padre Feliciano, una vez que se terminara de construir la iglesia.

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Lamentablemente este nuevo sacerdote ya no hacía estas visitas a domicilio, tocando puertas para pedir donativos y así darle a la gente un momento de felicidad. Yo lo veía así, en los cuales las personas se la pasaban muy alegres, muy contentas en esas Posadas. Y se iban a casa con sus bolsitas de dulces de aguinaldo.

Son tradiciones que se van perdiendo poco a poco. Lamentablemente los más jóvenes ya no tienen esa “cuestión de voluntariado” … de ir a recorrer las calles, de gastar suelas… de andar de pata de perro, recibiendo regaños de algunas personas, porque había los clásicos “grinch” de fin de año que decían… “¿qué, otra vez vienen a pedir? El año pasado les di…” - pues sí, pero, ya pasó otro año entonces… hay que donar otra vez… - respondía el sacerdote.
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Había gente que si se molestaba. Y había gente que con una sonrisa sacaba sus cositas que ya incluso tenían listas, porque sabían que en estas fechas el sacerdote iba a sus establecimientos. Entonces iban apartando para sus donativos. Incluso hubo gente que donaba ropa, calcetas, gorritos, guantes etcétera, No muchos, pero sí hubo gente que donaba prendas, bufandas, sobre todo.

Obviamente estas prendas también se donaban “al que alcanzara”.

Prácticamente eran poquitas, entonces, digamos, que los primeros que llegaban se llevaban alguna “prenda extra”, aparte de sus bolsitas de aguinaldos, para cubrirse del frío en esta temporada. ¿Eh, qué otra cosa donaban? Algunos de los establecimientos sí donaban dinero y ese dinero el sacerdote lo utilizaba para seguir construyendo la iglesia. Había gente que donaba, por ejemplo, cajitas o las bolsitas con adornos navideños que ellos mismos compraban en los lugares donde se surtían de mercancía, y te daban el listoncito con el cual se hacía la tirita y se amarraban, o se hacía un moñito para cerrar la bolsa.

Mucha gente donaba lo que podía, con lo que quería y acorde a sus posibilidades. Había gente que, por las cuestiones económicas, no podía donar en alguna ocasión y pues no pasaba nada, al final el sacerdote les incitaba a acudir a las fiestas, “así hay -decía- años buenos, años malos”.

Pero, Eran buenos años. Yo recuerdo esa época muy gratamente… el cómo se organizaba la gente, en cómo la gente participaba y convivía “un poquito más” con los vecinos.

Lamentablemente los tiempos cambiaron poco a poco…

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La gente se fue distanciando unos de otros, y más con la llegada de la tecnología, cada uno encerrado en su mundo, en su teléfono celular, en su computadora y pues bueno, ya no se convive como en aquellos años.
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Así es que… Esta es prácticamente mi anécdota de aquellos años de niñez, con esta situación de los aguinaldos.

¡Ahhh, qué cosas, qué cosas y qué cosas!

Mientras escribo esto, he llegado a percibir el aroma de la fruta y de los dulces… he recordado algunas voces… he visualizado algunas sonrisas… ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántos rostros!...

Algunos ya no están en este mundo… otros, ya tenemos bastantes canas…

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Ojalá, ojalá la gente retome esta situación que, desde su propia casa, lo puede hacer.

Cierto es que mucha gente se quedó con esta idea de hacer estas bolsitas de Aguinaldos, sobre todo en las tienditas, en las clásicas tienditas de la esquina en donde se hacen unos pequeños aguinaldos con galletas, con frituras, con jugos, dulces, paletas… de todo da la gente.

En menor medida, pero aún mucha gente conserva esta parte, sobre todo de gente de pequeños negocios.
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Pero, siempre hace falta esa parte organizativa, esa parte que esa persona que va y dice… “Vamos a recorrer las calles, a tocar puertas y pedir donativos para hacer esto, para hacer esto otro”. Entonces, creo, desde mi punto de vista, que la voluntad de las personas ahí está… Ahí permanece…

Solamente que hay un poco más de desconfianza por “quién es el que organiza estas recolectas” que… lamentablemente resultan ser los politiquillos de pacotilla... Que ven la oportunidad de robar, de hacerse de dinero, hacerse de donativos, de cosas y, lamentablemente hay muchos que proliferaron por estas cuestiones.

Pero bueno. ¿Así son las cosas y qué le vamos a hacer?

Lo cierto es que, ojalá la gente retome esto en sus propias casas, ponga sus bolsitas de aguinaldos para que las puedan dar a las personas y pues, de cierta manera… hacer feliz, hacer sonreír, sobre todo… a los niños/as, que son los que más comúnmente disfrutan de esta situación… de LOS AGUINALDOS… DE ESTE GRAN, GRAN REGALO…

LA BUENA VOLUNTAD DE AQUELLOS QUE APORTAN…

Y DE LOS QUE GASTAN SUELAS… DE LOS "PATA DE PERRO"

Y TÚ... ¿YA HICISTE TUS AGUINALDOS?

¡FELICES FIESTAS!

Padre-Feliciano
Padre Feliciano Cejudo Blanquel - Sacerdote de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Talpa de 1975 a 1997.
Parroquia.
Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Talpa
Parroquia-Interior
Interior de La Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Talpa.
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