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¡La ciudad era un caos!

Lo escuche miles de veces. Cuando era niña, mis Padres nunca me permitieron ver las noticias ni leer los periódicos. Ahora, dicen que porque no querían que supiera nada de todo lo malo que existe en este mundo.
Ciudad en caos.
Además de que nunca me interesó, de lo poco que me enteraba era porque lo escuchaba de alguien más. Yo hice mi mundo aparte, yo no decidía por nadie ni alguien decidía por mí.

Mi único pensamiento era seguir estudiando para tener una carrera y así obtener mi propio dinero. No depender de nadie... ni de mis padres.
Amistades.
¿Amigos? Tenía 3, mis primos. ¿Conocidos? muchos, pero no me relacionaba con ellos.

No era una chica inteligente, pero si estudiosa y me había propuesto terminar mi carrera.
Como dije, la ciudad era un caos, se hablaba de cosas horrendas que siempre existieron, pero, que no me di por enterada.

Los Narcotraficantes, las extorsiones, la mafia, los carteles etc. Y paro de contar...

¡Era demasiado lo que en mi ciudad pasaba!
Delincuencia.
Ese día salí de mi trabajo rumbo a casa... más adelante, la fila de autos empezó a detenerse tan despacio que, todos empezaron a tocar sus bocinas... gritaban, se metían entre otros autos, gritaban barbaridades, pero seguíamos a vuelta de rueda.

Yo empecé a sentirme nerviosa, se veían soldados por dondequiera.

Boinas negras, rojas, azules, guindas y soldados con cascos. Tratando de enfilarnos a las orillas para registrar los autos.

¡Los famosos retenes!
Soldados en retén.
No revisaban a todos, entre comillas, solo a "los sospechosos".

¿En qué se basaban?

Según ellos si te veías nervioso, si tu auto estaba aboyado o le faltaba algún foco, si viajaban solo hombres, lo que se les ocurriera, el caso que esta vez estaban parando a todos...
Militar en retén.
Con rifle en mano el oficial levantaba la mano y con el dedo nos indicaba, la derecha o la izquierda...

Pasé a la izquierda delante de varios autos que también estaban en revisión. Por el espejo vi que se acercaba un soldado aferrado a su rifle, con la punta me toco 2 veces el vidrio, me imaginé que indicándome que lo abriera, pero no pronunció palabra alguna.

Por lógica y comentarios que se escuchaban en todos lados sabía que hacían preguntas; ¿de dónde vienes, hacia dónde vas, en que trabajas... tu identificación etc.?
Púes no. Ninguna pregunta. Mi pánico fue tal que mi cuerpo empezó a temblar, cuando escuche.

¡Bájate!

Me incliné hacia mi derecha para tomar las zapatillas que me quitaba siempre para manejar... (que estupidéz) porque si manejaba con ellas la parte trasera de mis zapatos de rasparían con el movimiento de freno y gas.

¡Que te bajes!   gritó fuerte.

Ni siquiera pude abrir la puerta por el terror, el soldado abrió con enfado... ¡Bájate!

Mis pies enfundados en medias Nylon color humo tocaron el caliente asfalto. Con su rifle me tocó mi espalda empujándome hacia la pared de una barda alta de alguna casa de por ahí.

¡Manos a la pared!
Pies descalzos.
Manos a la pared.
Bajé mi mirada para no ver la pared, vi mis pies en la banqueta y le rodeaba a mi cuerpo la sombra de algún árbol que sobresalía de la barda.

Mis palmas se sentían hormiguear y la textura de esa pared empezó a calarme.

Vi mis pies casi desnudos pisando la banqueta sucia donde pasaba tanta gente, el asco me lleno mi estómago y de mi boca salió un gemido, era la sensación de sentir las manos de aquel soldado tocar mi cintura.

Empezó a revisarme y a tocarme la espalda, la cintura, mis axilas, para cuando llegaron sus manos a mis senos yo ya estaba llorando... me sentí humillada, ultrajada.

Con una mano tocándome y con la otra detenía el rifle que yo no dejaba de mirar.

Una voz a mi lado gritó

- ¡DÉJALA CABRÓN! -
Chico gritando.
Enseguida el rifle se levantó y de un golpe en las costillas vi como caía a mi lado el cuerpo de un muchacho joven, retorciéndose del dolor. Nuestras miradas se cruzaron, no sé si era por las lágrimas que su cuerpo se movía o en realidad estaba quejándose.

Respiré profundamente al sentir de nuevo la mano del soldado pasar por mis caderas buscando la entrepierna bajo mi falda, me sentí morir, de pronto y con rapidéz su mano soltó mi pierna...

Y vi los pies de otro soldado a su lado aventándolo con fuerza hacia la pared y con palabras fuertes escuché...

¡¡¿Pero qué haces pedazo de mierda... cómo te atreves?!!

Llamó a alguien más diciéndole, ¡¡LLÉVATELO!!
Soldado encubierto.
¡Señorita, Señorita!

Yo no podía moverme, mi cuerpo estaba paralizado... el soldado me dio la vuelta.

¿Está usted bien? -Preguntó-

Mis lágrimas no paraban de salir.

-Por favor, tome sus cosas y suba a su auto.-

Mi bolso estaba sobre el capo y esparcidas mis pertenencias. Metí todo, subí a mi auto, cerré mi ventana, viré a la izquierda y un golpe muy suave en mi ventana, me hizo gritar... era el soldado, baje la ventana y él extendiendo su mano dijo, -señorita su celular.- Lo tome y escuché... -a la derecha, siga la fila para salir de retén.-

Al verme fuera del alcance de ellos, me escuché llorando tan fuerte que me tape la boca.
Chica en lágrimas.
¿Qué había sucedido? ¿en qué momento y cuánto tiempo pase ahí inclinada en esa pared?

¿De quién debía protegerme?

En realidad, ¿teníamos protección?

En realidad ¿existía en quién creer? ¿a quién acudir por ayuda?

¿Las Noticias estaban mal?

Pude comprobar de la peor forma que, “ellos”, “los otros” y “los demás” son iguales.

Lo que pudiese llegar a pasar de malo… podría ser... ¡con cualquiera!
Manos con arma.
Después de unos segundos, prendí el auto y fue entonces que me di cuenta qué... ¡no sabía dónde estaba!

Con estos retenes para revisión de las autoridades, nunca se sabe a dónde te dirigirán para salir de ellos.


Entré en pánico y, llena de coraje e impotencia, manejé despacio viendo a los lados, esperando leer el nombre de ese pequeño callejón.

Veía los autos pasar, quise recordar donde fue que me desviaron y nada. En mi mente solo veía...


¡Estamos perdidos!
Callejón.
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Fin
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