El Pueblo De La Esperanza

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El Pueblo De La Esperanza

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Una Publicación de: de Miguel Gh. en Ensayos · 30 Abril 2021
Tags: JuanRulfoRevolucionariosRevoluciónPostEnsayo.

"El Pueblo De La Esperanza"
Un Ensayo

Autor de la historia e ilustraciones:
Miguel Galarza Hernández
4 de Marzo de 2015

CONTENIDO:
Introducción: El pueblo de la Esperanza.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Primera parte.
Capítulo 1: El realismo fantástico.
Capítulo 2: Revolución y revolucionarios.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Segunda parte.
Capítulo 3: ¡Maldito gobierno!

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Tercera parte.
Capítulo 4: Calidad de vida: Ricos (Los de arriba) y pobres (los  de abajo)

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Cuarta parte.
Capítulo 5: Capataces y supervisores.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Quinta parte.
Capítulo 6: Un político que no quiere dar mala impresión.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Sexta parte.
Capítulo 7: La familia como sociedad.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Séptima parte.
Capítulo 8: ¿Errores… madurez?

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Octava parte.
Capítulo 9: ¿En dónde… cómo y cuándo se iniciará la siguiente  revolución?

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Novena y última parte.
Capítulo 10: Conclusión.. ¿Pasarán otros 100 años?

REFERENCIAS.
BIBLIOGRAFÍA.


Introducción:  El pueblo de la Esperanza:
Ilustración de Miguel Galarza Hernández

El tiempo parece no transcurrir en la mente de los mexicanos, viven y reviven una y otra vez los mismos sucesos, como si se estuviese en un círculo que no lleva a ningún lugar, en el cual, por obvias razones, no se le puede dar la vuelta a la página, no se puede salir de ese shock en el cual permanece día a día, semana a semana, mes tras mes, año tras año, década tras década, siglo tras siglo.

Se dice que el país es una sociedad, pero, qué es una sociedad sino el cúmulo de unas personas que conviven sin importar razas, pensamientos, preferencias y gustos diversos, entre otras cosas. Lamentablemente esto no es así. Existen razas, pensamientos, preferencias y gustos diversos, los cuales la misma gente se coloca su propia etiqueta en la frente y dice, soy esto, soy aquello… soy diferente… no eres igual a mí.

En sí, la familia es una sociedad, no importa si son dos o más personas. Nuestros gobernantes salen del mismo pueblo, de la misma familia, ¿en dónde pues se tiene que poner un cambio sino en la familia misma?

Estamos viviendo una fantasía en donde se espera la llegada del súper héroe que nos libre del mal y nos haga felices… y obviamente encontrar al malvado, al culpable de todos nuestros males.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Primera parte.

“…El humo cubría las calles aledañas a la plaza pública… con un aire de soledad. En la plaza, el fuego casi extinto, acabó por consumir la poca esperanza que restaba en los jóvenes…”

Esa es la triste soledad que se respira en un lugar vacío, después de la desesperación, del enfrentamiento… de la lucha.
Unas horas atrás la gente gritaba - ¡JUSTICIA… JUSTICIA! -.

Del otro lado del muro de protestantes, los federales hacían golpear sus toletes contra sus escudos.

La gente cada vez más enardecida clamaba una y otra vez…
- ¡JUSTICIA… JUSTICIA! -

No, ya no había marcha atrás, los ánimos estaban en todo lo alto, ya no había oídos para escuchar las voces… ni voces que buscaran oídos… de parte de ningún bando… no, el enfrentamiento estaba a solo un grito…

De pronto, ante un escupitajo en el rostro, al igual que una chispa en un barril de pólvora, desató todo… uno que parecía ser general (quién, es esos momentos, es capaz de distinguir un rango de otro) gritó con todas sus fuerzas…

- “¡A LA CARGA… A LA CARGA!”-

Y el caos corrió a la misma velocidad de un disparo.

Rápidamente la gente se dispersó como una onda expansiva, gritando desesperada, cargando o arrastrando a los niños, pisoteando al “compañero” … ¿quién, en esos instantes de huida, se preocupa por los compañeros?... ¡Nadie!... solo se piensa en uno mismo, en salvar el propio pellejo… ¡Valientes compañeros!...

En solo unos minutos la explanada quedo vacía. El humo que salía de unas fogatas que habían hecho los protestantes era lo único que se respiraba en el ambiente… no, no solo eso se respiraba… era algo más… era miedo lo que quedó flotando…

Instantes después, un grupo de los que pedían justicia por los desaparecidos, y que logró escapar, se reunían en una calle alejada de la explanada donde protestaban, se preguntaban con desesperación unos a otros, atropellándose el habla…

- ¡¿En dónde está Juan?!...
- ¡No lo sé, venía detrás!  –respondió otro.
- ¡Venía detrás de mí… pero lo perdí!
- ¡¡¿Qué hacemos… regresamos?!!
- ¡Ni loco, yo no regreso!
- ¡¿Entonces…?!...
- ¡¡No lo sé, maldita sea!!


LÍDERES

La mayoría de las personas busca a un líder para escudarse de su falta de decisión, de su cobardía… y termina siempre por echarle la culpa al líder por la decisión que toma este ante tal situación."




En casa doña Elena P. veía en la televisión el enfrentamiento, mientras preparaba la comida, pues don Octavio P., su esposo, estaba por llegar del trabajo.
Los noticieros no dejaban de repetir una y otra vez las mismas escenas, dando opiniones y conjeturas muy subjetivas, generando más confusión a cada minuto transcurrido.

Doña Elena P. movía la cabeza negativamente mientras pensaba…

- “Esta juventud de cualquier cosa protesta…”

Al anochecer, mientras cenaban, Doña Elena P. le contaba a su esposo lo que habían pasado en las noticias.

- ¡Es aquí!
- ¡¿Estás seguro?!
- ¡Sí, sí, aquí viven!

Los murmullos detrás de la puerta no pasaron desapercibidos para la pareja, quienes solo se interrogaban con la mirada.

Tres golpes sonaron …

Doña Elena P. limpiándose las manos en su mandil, abrió la puerta y reconoció a un amigo de su hijo…

¡¡LOS FEDERALES… LOS FEDERALES SE LLEVARON A JUAN!! –gritó este.”

Capítulo 1: El realismo fantástico.

El fragmento anterior pareciera haber sido sacado de los textos de Juan Rulfo (1917-1986), pero no, es una historia ficticia, que podría ser real en cualquier tiempo.

Así como en sus cuentos de “El llano en llamas” (1953) que hablan sobre la marginación, opresión, injusticia, etc. en la época de la post revolución, así es el realismo fantástico, en donde la realidad se mezcla con la fantasía y no se distingue una de otra, se cree la fantasía… se niega la realidad…

En un marco en donde todo respeto ya se ha perdido, se vive bajo un régimen absolutamente totalitario. Solo se puede vislumbrar el enojo, la marginación, la inconciencia, el dolor, la venganza y muchas cosas más.

Así mismo, como en la época de toda revolución, se espera a que “alguien” haga el llamado, para así poder salir a las calles y clamar la justicia que tanto deseamos. Siempre buscando un líder.

¿En dónde se iniciará la siguiente revolución?
No, no es cuestión de si habrá otra… sino en dónde.

Capítulo 2: Revolución y revolucionarios.

La respuesta a la pregunta ¿Por qué se inicia una revolución? podría ser muy complicada de dar, si se ve desde una perspectiva inmersa en el caos de la injusticia.


INICIOS DE GUERRA

"De 1926 a 1929 durante el mandato de Plutarco Elías Calles, se llevó a cabo un conflicto armado entre el gobierno y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos, que se negaban a aceptar la legislación que les impedía tener participación sobre los bienes de la nación y sobre procedimientos civiles, ya que el gobierno sostenía que la 1ra obligación de los religiosos era con Roma y no con el país. Se dice que hubo alrededor de 250 mil muertos." (Camacho S. Reyes A. Reyes C.)




Para ello habría que alejarse un poco del caos del momento y así tener una perspectiva desde afuera, una visión del antes, del ahora y del después, justo como el realismo fantástico de Rulfo… más aun, una visión en donde pongamos los pies en la fantasía y volemos con la imaginación en la realidad. Con la mente fría.

Pues entonces, pongamos los pies en la fantasía y volemos con la imaginación en la realidad… a ver si distinguimos una de otra.

Marginación: Es la palabra que se designa para explicar o justificar cualquier acto, ya sea una revolución o un levantamiento armado, para así exigir justicia contra un gobierno autoritario que oprime al pueblo.

¿En verdad es el gobierno quien margina y oprime al pueblo?

Pero, por qué los gobernantes se muestran autoritarios, si han salido del mismo pueblo, de las mismas escuelas donde la mayoría estudia junto con los demás, y han leído a los mismos grandes escritores y filósofos de la humanidad.

Han llegado a las mismas conclusiones todos juntos, como estudiantes. Han encontrado al culpable… y han identificado al héroe al cual hay que seguir sus pasos y llenarse así de gloria.

“Sueñan con llegar al poder y cambiar las cosas, pues la realidad que se vive y se juzga es algo que se puede cambiar”.

Un relato: El pueblo de la   Esperanza: Segunda parte.

Don Octavio P. y doña Elena P. habían recibido el cuerpo de su hijo Juan. Le habían encontrado en el llano, con el cuerpo hecho pedazos y quemado[3]. Se los entregaron días después de que lo hallaron ya que hubo que estar seguros de quién era.

Habían pasado ya tres meses desde que se lo habían llevado los federales. Desde entonces Don Octavio P. se había unido a un grupo de padres que también habían perdido a sus hijos el mismo día de la manifestación. Recorrían las calles clamando justicia, iban a los medios de comunicación tanto nacionales como extranjeros, y de sus hijos nada se sabía - ¡maldito gobierno! - gritaban desesperados.

Capítulo 3: ¡Maldito gobierno!

¿En qué momento los gobernantes se convierten en salvajes asesinos?

La gente pobre no acepta que los ricos tengan un cargo político, en cambio, sí es un político que salió del pueblo rápidamente escala puestos hasta llegar a gobernar.

Entonces, ¿por qué se pone en contra del pueblo si ha salido de ahí mismo?

Pareciera ser algo ilógico… pero no lo es.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Tercera parte.

El fuerte olor a incienso, flores y veladoras impregnaba la habitación donde los padres de Juan le estaban velando. Don Octavio P. sentado a los pies de su hijo veía la caja, con esa mirada triste, melancólica, esa mirada que pregunta… ¿Por qué?

Tanto esfuerzo había hecho Don Octavio P. para que su hijo tuviera una mejor vida. En su pensamiento recordaba las pláticas que tenía con Juan desde pequeño, ahí en el campo donde cosechaba maíz, calabazas y frijol.

-Usted tiene que estudiar mijo, tiene que estudiar pa’ que no sea un burro como yo, pa’ que no sea como la gente de este pinche pueblo, pa’ que no sea un pinche pobre que no tiene pa’ comer, tiene que estudiar pa’ ser un hombre de bien, pa’ que gane harta lana, no como el Chava el de las “Flores”[4] que con dos miserables pesos pretende mantener a su familia. Yo le voy a chingar duro pa’ ganar lana y mandarlo a la capital y que salga de este pinche pueblo donde no hay futuro, donde nos tienen marginados y condenados a la pobreza-.

Capítulo 4: Calidad de vida: Ricos (Los de arriba) y pobres (los de abajo)[5]

¿Por qué las personas llegan a aborrecer lo que son?
¿Por qué desean ser algo que odian?

Las personas detestan ser pobres… Eso significa que quieren ser ricos, es decir, tener dinero para comprar lo que desean. Pero…
Detestan a los ricos… detestan ser pobres.

La palabra “marginación”, en pocas palabras, es dejar de lado o hacer a un lado.

También los ricos se tienen que agrupar (marginar) hacia ciertos lugares ya que no se pueden mezclar ricos y pobres ¿cuál es el motivo? ¿por qué no se pueden mezclar?

La pregunta es… ¿Los ricos detestan ser ricos?

Es entendible que no quieren ser pobres y, por tanto, buscan hacer dinero. Pero… ¿Se detestan a sí mismos?

Los ricos tachan de rateros a los pobres y piensan que “les podrían robar lo que tienen”.

Los pobres no aceptarían a una persona rica viviendo junto con ellos, porque los tachan de rateros (a los ricos) “de que les han robado (a los pobres) lo poco que tienen”.

En este punto interfiere una palabra más…

La palabra “mediocridad” significa, a grandes rasgos, estar en medio.

Una persona mediocre no quiere tener mucho (ser de arriba) porque tiene miedo de que le roben (los de abajo, y de los cuales salió) y que estos mismos le tachen de ratera. De igual forma no quiere tener poco porque, los de arriba, la tacharán de ratera, por ser de los de abajo.

¿Es cuestión de dinero?

Yo creo que es cuestión de respeto.

Entonces… ¿En dónde estar? ¿abajo? ¿arriba? ¿en medio?...

Un relato: El pueblo de la   Esperanza: Cuarta parte.

Juan nunca trabajó en el campo, como los seis hijos de Carlos M., que los ponía a trabajar y no los enviaba a la escuela, Don Octavio P. se lo tenía prohibido.
Cada mañana, cuando se iba a trabajar, Don Octavio P. le decía…

– En mi ausencia usted es el jefe de la casa-.

Entonces Juan, al quedarse con sus hermanos pequeños, les ordenaba justo como hacía su padre, pero además los maltrataba cuando hacían demasiado ruido.

Sus hermanos, conforme fueron creciendo, se empezaban a defender ante lo que consideraban “una injusticia”, eran igual que él, -por qué habría que obedecerle- decían.

Juan tampoco tenía amigos, mucho menos novia ya que su padre se lo tenía estrictamente prohibido.

– Usted no se distraiga con eso mi’jo, usted no está para arrejuntarse con las viejas de aquí, mucho menos con las sobrinas de doña Jacinta que son unas putas[6], que solo buscan hombre pa’ sacarles lana… y las otras pu’s… solo lo llenarían de hijos y no, usted tiene que estudiar para salir de esta miseria-.

Capítulo 5: Capataces y supervisores.

Una fábrica es igual que un rancho-hacienda.

El supervisor[7] (capataz del rancho) cree que los obreros (campesinos) son burros, pobres, rateros, flojos etc. y se siente el dueño de la empresa (rancho), aunque no lo es.

Los obreros, por su parte, discriminan a los campesinos, porque sienten que no son pobres como ellos, piensan que ellos, los obreros, tienen un trabajo honesto, que los campesinos son rateros (les vienen a robar el puesto de trabajo) y, además, también tachan al dueño (patrón) de ser ratero, de que los esclaviza, de que se aprovecha de ellos… piensan que “…todo es tan injusto…”

Curioso que en ambos casos hay una persona que salió del pueblo (que no quiere ser dueño, porque son más responsabilidades), que ve a los dueños como ladrones y que trata a los demás (obreros-campesinos) como animales que le pueden robar (su puesto, principalmente, y sus pertenencias) y los maltrata, acusa y despide sin motivo alguno.

En la familia pasa lo mismo, sea rica o pobre, un hermano (comúnmente el mayor, el primogénito) que se siente el papá y ordena, y luego va con el padre para que le de dinero para ir con la novia al cine (porque no quiere una responsabilidad de un trabajo) y, por otro lado, el hermano menor que siente que el hermano mayor le roba, que se siente marginado por los padres.

En el gobierno pasa exactamente igual. Los políticos salen del mismo pueblo, han padecido la pobreza y ven, en su puesto de poder, la forma de dejar la pobreza.

Los ricos no buscan un cargo público porque tienen que atender sus negocios. El político rico es aquel que toda su vida se ha dedicado a la política, vive del pueblo, trata a los de abajo como si fuera el capataz del rancho, que se siente el dueño de todo, que se siente “el papá” porque está “a cargo de la casa” (país) y aparte acepta la corrupción porque no quiere volver a padecer la pobreza. (Ojo, no porque el empresario ofrezca dinero sino porque el político pide dinero para aprobar proyectos o dar permisos, de lo contrario extiende el periodo tanto como la eternidad misma…) y porque ya lleva consigo el propósito de tener dinero. No puede robarles a los ricos, simplemente porque no puede ya que son más inteligentes (empresarialmente hablando) y termina por meterlos al hoyo de la corrupción y pedirles dinero para aprobar sus proyectos. Por otro lado, hace creer a los pobres que los ricos son malos, ladrones, corruptos… unos verdaderos hijos de puta. Pero, la realidad (¿o es fantasía?) es que termina por robar a los pobres, simplemente porque puede, y éstos a su vez se creyeron que el que les roba es el rico…

¿Acaso alguien puede ver la línea que divide a la realidad fantástica?

Un relato: El pueblo de la   Esperanza: Quinta parte.

Desde pequeño Juan se sintió marginado de la demás gente del pueblo, sentía que no pertenecía allí, que los demás eran inferiores, siempre sucios, oliendo mal, definitivamente él no pertenecía a ese lugar, como así se lo decía su padre. Los veía con total indiferencia.

Además, sus hermanos, ya adolescentes, le plantaban cara. Parecía que todos le envidiaban, que todos estaban en su contra.

Ansiaba el día en que se pudiera ir a la capital y por fin alejarse de ese pueblo… y de su gente.

Capítulo 6: Un político que no quiere dar mala impresión.

Un político, cuando obtiene un cargo público, no quiere dar una mala impresión “como te ven te tratan” dice el dicho, pero, no solo es él quien piensa así, sino también los compañeros del partido y la misma gente que ha votado por él. Acude a reuniones con empresarios con traje de diseñador. Acude a reuniones con el pueblo vestido como si fuera parte del pueblo. Pero, nunca a la inversa… “pues hay razas…”.

–“Hay que dar una buena impresión, pa’ que los ricos no piensen que es un tonto… o un ratero”.

Este político ya ha comenzado a hacer diferencias, ya ha empezado a distanciase del pueblo.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Sexta parte.

Don Octavio P. y Doña Elena P. despidieron a Juan, por fin se iba a la capital a seguir sus estudios.

Aunque el pueblo estaba a tres horas de la capital, Don Octavio P. había juntado un “dinerito” para comprarle un “carrito” y rentarle un pequeño “cuartito” a Juan para que estuviera cerca de la escuela, para que no diera una mala impresión llegando en “pecera[8]” o “a pata[9]”.

Por su parte, Juan tenía muy claro lo que quería ser.

- Voy a ser arquitecto apa, y cuando lo sea voy a construirle una casa enorme, incluso más grande que la del patrón- le decía a su apa alzando los brazos al cielo, -con unos muros altos, altos… pa’ que la gente no le robe.

Meses después Juan visitaba a sus papás, Don Octavio P. le escuchaba sin dar crédito a lo que escuchaba, Juan, como si estuviera embriagado, contaba maravillas de un hombre que visitó su escuela, se llamaba José Emilio P. al cual le gustaba que le dijeran JEP.

Juan creía que JEP era una especie de revolucionario educado, versado en letras, que el gobierno se intimidaría ante un revolucionario así.

JEP les había convocado a un “mitin[10] en el zócalo de la capital, había que exigirle al gobierno opresor que  devolviera con vida a unos compañeros estudiantes que habían desaparecido, que “tenían” que asistir, que era “obligación” ante los compañeros. De paso, también apoyarían al candidato de Izquierda[11] que defendía a los pobres, que veía por los pueblos marginados.

También le dijo a su padre que necesitaría un poco más de dinero, ya que necesitaba más ropa y unos tenis que había visto y que estaban de moda, pero, bastante caritos.

–No tengo más- decía Don Octavio P. metiendo sus manos en el bolsillo y sacándolos…

Juan le respondió un tanto alterado…

–¡Ponga a trabajar a mis hermanos, que le ayuden, que no estén ahí no’más de flojos!, ya na’más piensan en andar de novios.

Capítulo 7: La familia como sociedad.

“Como es arriba es abajo” dice un dicho popular.

La familia es una sociedad, con dos o más miembros. Lamentablemente es ahí en donde se corrompen las sociedades.

Un padre que, por cultura o por desgracia, no respeta la vida en sociedad, su pareja pasa a segundo término en cuanto el padre le dice al hijo –en mi ausencia usted es el hombre de la casa- desplazando así la autoridad de la esposa. El hijo por su parte, crece creyendo lo que su padre le inculca, y no respeta ni a su mamá ni a los hermanos ya que “es el hombre de la casa” y los demás simplemente “tienen que obedecer”, y si no lo hacen, tiene el derecho de castigarlos.

Justo es en ese preciso momento que ya dejo de haber respeto en la sociedad de la familia.

Poco a poco se va incrementando la ruptura, desobediencia, marginación, rencor, odios, envidias entre los hermanos, imperceptible para los miembros de la familia… hasta que todo truena.

La sociedad en la familia ya dejó de existir.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Séptima parte.

Un joven protestante que estaba muy enardecido, gritaba furioso. Sus ojos inyectados de sangre denotaban una indignación tal que se mezclaba con un dolor infinito… y no era para menos, en su mente veía su futuro muy negro… era estudiante y su temor más grande era que su futuro no existía, que su futuro estaba pactado a la miseria… a la opresión… definitivamente tenía que luchar… tenía que exigir sus derechos… tenía que derrocar al gobierno opresor, quien los mantenía doblegados con un pie al cuello…

¡VIVOS SE LOS LLEVARON… VIVOS LOS QUEREMOS!

Sí… el futuro se le escapaba a este joven… la vida misma se le escapaba…

Con los ojos cada vez más inyectados de sangre, la espuma en la boca se hiso presente… y se alzó en armas… lanzando un proyectil directo al rostro de un policía… a un padre de familia que había encontrado, después de muchos meses sin trabajo, un puesto de granadero… el cual le daba para mantener a su familia.

¡A LA CARGA… A LA CARGA!... se oyó, a unos metros de distancia, con fuerza la voz de un jefe de cuadrilla.

Fue el grito que Juan escuchó a lo lejos, enseguida… el caos se apoderó de todo, gritos, gente corriendo, golpes, humo y fuego.

Juan se separó de sus compañeros con los que había asistido al mitin, no vio por donde se fueron, los busco con la mirada entre la multitud… ¡nada! Lo único que sintió fue un fuerte golpe en la cabeza… el silencio y la oscuridad se fueron haciendo cada vez más y más grandes.

Horas después despertó en una especie de bodega junto con otros jóvenes, que al igual que él, habían sido golpeados y secuestrados por los federales. Los tenían en el suelo amarrados de manos y pies (todos eran hombres ni una sola mujer).

Juan no supo cuánto tiempo había pasado.

Cada que alguien entraba a la bodega los jóvenes les gritaban inmediatamente que los soltaran. Los hombres solo respondían a patadas y se burlaban a carcajadas.

– Pinches escluincles mocosos, sienten que ya el mundo les pertenece solo por estudiar, peleando por el pueblo y por los campesinos… hijos de la chingada deberían de aprender a trabajar la tierra ya que tanto los defienden-.

Ya avanzada la madrugada unos hombres entraron a la bodega, el que iba a la cabeza, al parecer un general, se paseó por todos lados pateando a quien levantaba la cabeza para verle… antes de salir del lugar gritó.

- ¡MÁTENLOS… MÁTENLOS A TODOS… QUEMEN LOS CUERPOS Y TÍRENLOS EN EL LLANO COMO A LOS OTROS!... A VER SI ASÍ APRENDEN LOS DEMÁS QUE ESCAPARON Y DEJAN DE PROTESTAR A LO PENDEJO.

El horror se desató…

Un par de hombres agarraron a Juan, era su turno.

Uno de ellos miró los tenis que traía Juan, y le dijo al otro.

- ¡Mira tú… no son los que quiere tu chavo, el que está en la escuela!...

El otro miró los tenis y se los quitó mientras se reía burlonamente.

– Tú ya no los necesitarás pinche niño ricachoncito-.

Capítulo 8: ¿Errores… madurez?

A nadie le agrada reconocer sus errores, pero, ese acto en sí (el de reconocer) es dar un paso más hacia la madurez. Un paso más hacia la responsabilidad de tus actos.

Pareciera que en el país no hay un guía, al igual que en la familia no lo existe.

Existe un padre que no sabe guiar sino más bien sabe dar órdenes y castigar, así se lo ha enseñado su padre, y a su abuelo igual, y así hasta muchas generaciones atrás.

En el gobierno existen personas que se sienten los “padres” del pueblo, pero, solo saben dar órdenes y castigar… eso es todo.

De igual forma el pueblo no acepta el obedecer dichas órdenes, justo como el hijo con el padre y hermanos.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Octava parte.

La niebla cubría el pueblo, como todas las mañanas. El frio y el aroma de la montaña impregnaban todo… Don Octavio P. y doña Elena P. junto con sus hijos y algunos vecinos se dirigían al panteón a enterrar a Juan. La tristeza acompañó a la pequeña comitiva oprimiendo los corazones.

Por las calles, la gente corría como nunca antes se había visto.

Algo había pasado, pero no preguntaron. Tampoco hubo necesidad de hacerlo ya que los gritos se oían en todo el poblado…

- ¡Ahí viene Marcos, el nieto de Pedro Zamora el famoso revolucionario, por fin, por fin se ha levantado en armas!... ¡Dicen que anda juntando a la gente, que va rumbo a la capital a derrocar al gobierno!

¡Córrale Don Octavio! –Dijo Carlos M. quien corría gustoso por el pueblo agitando el sombrero- traiga a sus hijos, tenemos que apoyarlo, la revolución se ha iniciado, apúrele don Octavio, apúrele… ¡ahora sí al gobierno se lo va a cargar la chingada!...  ¡apúrele!...

Minutos después, ante la tumba aún abierta, Don Octavio P. tomo un puño de tierra y lo dejo caer lentamente. Unas lágrimas cayeron por ese duro rostro… hasta consumirse en la tierra que cubría el ataúd de su hijo, mientras pensaba.

– Ojalá… ojalá y supiéramos cómo cultivar a nuestros hijos-

Capítulo 9: ¿En dónde… cómo y cuándo se iniciará la siguiente revolución?

La sociedad en general no ha madurado, quizás es porque la familia en lo individual tampoco lo ha hecho.

Ningún político planea lo que hará cuando llegue a tener un cargo público. Solo sabe reclamar, luchar, derrocar. Cuando tiene “el poder” lo único que sabe hacer es buscar culpables, como toda su vida lo ha hecho… y termina culpando al pueblo simplemente porque ya no hay alguien más arriba de él a quien culpar.

Triste realidad del pensar de un pueblo inmaduro que ha perdido el respeto por todo… Y QUE VIVE UNA FANTASÍA EN LA CUAL BUSCA LA FELICIDAD Y EL RESPETO... PISOTEANDO Y LLAMANDO CORRUPTOS Y LADRONES A TODOS LOS QUE NO PIENSAN IGUAL.

Un relato: El pueblo de la Esperanza: Novena y última parte.

Don Octavio P. seguía en el panteón llorándole a su hijo, ¿cuánto tiempo había pasado?... quizás un par de horas, nadie sabe.

En todo ese tiempo Don Octavio P. reflexionó sobre su proceder para con sus hijos.

De pronto, percibió el alboroto de la muchedumbre que se acercaba al panteón.

Giró la cabeza y alcanzó a ver a un hombre a la cabeza de la gran comitiva, montado en su caballo. Prácticamente toda la gente del pueblo caminaba detrás del líder… y no puede ser de otra forma. Siempre se manda al más pendejo por delante.

Don Carlos M. se había adelantado al grupo y llegó hasta don Octavio P. y le dijo.

– Don Octavio, Marcos Zamora viene a verle… quiere que se una a él, ha venido a verle a usted, que por la muerte de su hijo-

Don Octavio P. junto con su mujer doña Elena P. y sus hijos esperaron a que llegara el hombre donde ellos.

Marcos, sin desmontar le dijo.

–He venido a verle para que se unan, usted y sus hijos, a “MÍ” causa, iré a la capital a derrocar al gobierno y si usted se une, muchos más se unirán… gente que también ha perdido a sus hijos… voy a luchar contra la gente que mató a su hijo-.

Don Octavio P. le miro unos segundos con ese rostro endurecido… y soltó la carcajada.

– No joven, usted está muy equivocado – le dijo- a mi hijo… lo maté yo mismo… con la forma en que lo eduqué, y no joven… no es con armas con lo que va a cambiar al país, sino cuando cada padre, sea rico o pobre, aprenda cómo cultivar a sus hijos, es ahí en donde la verdadera revolución dará frutos, cuando ricos y pobres se unan para guiar a los hijos, cuando aprendamos a respetar a nuestros hijos…

Marcos Zamora lentamente deslizó su mano por su pierna hasta la cintura, y tomo el revolver… mientras Don Octavio P. con voz cada vez más fuerte, para que le escucharan todos, seguía diciendo.

… cuando les enseñemos a nuestros hijos a respetar a sus semejantes, sean pobres o ricos… cuando les enseñemos a no seguir A LÍDERES ESTÚPIDOS  QUE SE CREEN LOS HÉROES… LÍDERES QUE SE CREEN EN POSECIÓN DE LA VERDAD Y LA HONESTIDAD Y LLAMAN CORRUPTOS A LOS QUE NO PIENSAN IGUAL QUE ELLOS … QUE INCLUSO VENDEN LA FELICIDAD PERO QUE EN REALIDAD SON UNOS MANIPULADORES... QUE MUEVEN A LA GENTE DICIENDOLES QUE LUCHA Y LUCHEN POR SUS DERECHOS PERO NUNCA, NUNCA LES ENSEÑA CUÁLES SON SUS OBLIGACIONES... QUE NO SIENTEN RESPETO POR NADA NI NADI...

Marcos disparó toda la carga.

¡ÉSTE–gritó Marcos- SE HA PUESTO DEL LADO DE LOS RICOS CORRUPTOS Y DEL GOBIERNO OPRESOR, ES UN TRAIDOR DEL PUEBLO!

Don Octavio P. junto con su esposa doña Elena P. y sus hijos quedaron tirados ahí… en el panteón de “La Esperanza”, mientras la muchedumbre seguía al nieto de Pedro Zamora rumbo a la capital gritando…

¡¡VIVA EL SUBCOMANDANTE… VIVA MARCOS ZAMORA!!

Capítulo 10: Conclusión.

¿Pasarán otros 100   años?

“El pueblo de la Esperanza” … curiosos nombres con los que designan los lugares las voces de unas mentes fantasiosas… unas mentes que confundes la realidad con la fantasía y la fantasía con la realidad de “mis otros datos”, que se sienten unos revolucionarios transformando al país, que se sienten los héroes que el pueblo espera, tan intensamente deseados por el pueblo que vive, sí, en una fantasía… que busca a un héroe… que busca a alguien a quién culpar de su falta de decisión…

Una revolución dará frutos cuando un revolucionario tenga oídos para oír y no balas para acallar las palabras… o palabras banas llenas de falsa honestidd saliendo de su boca. Puesto que ese título de "honestidad" no es algo que se designe uno mismo sino por los actos que de nosotros emanan.

Ya es el año 2021, más de cien años después de iniciada la revolución y después de muchas falsas transformaciones.

Nada ha cambiado, aún se clama justicia.

Esta sociedad aún es una sociedad adolescente la cual no ha tomado las riendas de la madurez, que sigue luchando, que sigue buscando héroes, que busca culpables. Más aun, los que se sienten héroes se quejan, como todo el tiempo puesto que es lo único que saben hacer, de que necesitan más tiempo. Ven mal que otro antes que ellos permaneciera por muchos años en el poder pero, que ven bien el que ellos mismos quieran quedarse más tiempo en el poder...

Afortunadamente la vida es sabia y el ser humano vive solo un poco tiempo sobre esta tierra... Pero lo realmente malo es que hay personas que quieren sobrevivir ese lapso de tiempo a como dé lugar... quieren quedar en la historia haciendo monumentos alegando que es para y por el pueblo, pero, tristemente solo es por miedo a dejar este mundo y ser olvidado... es solo llegar al poder para su propio beneficio.

Fantasías de una mente que se creyó que vino a este mundo a cambiar las cosas... pero que su visión del mundo es como la de la pequeña rana en su pequeño charco... la cual no tiene idea del gran oceano.

Las preguntas que restan por hacer son:

¿Quién se atreverá a iniciar la verdadera revolución, y cuándo?
Ya sabemos en qué lugar se llevará a cabo, pero...
¿Quién será ese revolucionario que no busca ser un héroe o quedar en la historia?
¿Quién será ese guía que necesitamos?
¿Aparecerá cuando solo haya cenizas en el hogar?

Mejor aun...
¿Por qué sentimos miedo de convertirnos, cada uno de nosotros, en el guía que necesitan nuestros hijos?
¿Por qué tenemos que seguir en espera de un líder más que no tiene idea de que diablos hacer?

Fin.


Referencias y Bibliografía:

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Stephen P. Robbins, David A. DeCenzo. (2008). Supervisión. Quinta edición Pearson Educación de México S.A. de C.V. ISBN 0-13-172609-9. México: Prentice-Hall Inc.

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[1] Líderes: La mayoría de las personas busca a un líder para escudarse de su falta de decisión, de su cobardía… y termina siempre por echarle la culpa al líder por la decisión que toma este ante tal situación.

[2] De 1926 a 1929 durante el mandato de Plutarco Elías Calles, se llevó a cabo un conflicto armado entre el gobierno y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos, que se negaban a aceptar la legislación que les impedía tener participación sobre los bienes de la nación y sobre procedimientos civiles, ya que el gobierno sostenía que la 1ra obligación de los religiosos era con Roma y no con el país. Se dice que hubo alrededor de 250 mil muertos. (Camacho S. Reyes A. Reyes C.)

[3] La noche del 26 de septiembre de 2014, policías municipales del pueblo de Ayotzinapa participaron en la desaparición forzada de 43 estudiantes. Los padres de los 43 y otras organizaciones han salido a las calles a manifestarse por la injusticia. Según investigaciones hasta el momento, les dieron un balazo en la nuca e incineraron los cuerpos, arrojando los restos a un río.

[4] “La bartola, peso sobre peso” Canción popular de Chava Flores.

[5] “Los de abajo” (1915) del autor Mariano Azuela (1873-1952) marcó las pautas de un género cuya práctica se extendió hasta muy avanzado el siglo XX, con títulos como Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

[6] Personajes tomados del cuento “Es que somos muy pobres” del libro “El llano en llamas” (1953) de Juan Rulfo.

[7] Amplia información sobre el trabajo de los supervisores en el libro “Supervisión” (2008) de Stephen P. Robbins, David A. DeCenzo.

[8] “Pecera” definición que se le da al transporte público, generalmente las famosas “combis”

[9] “A pata” es decir que va a pie, caminando.

[10] “Mitin” palabra que deriva de la pronunciación mexicanizada de “Meeting” del vocablo inglés que significa “reunión”.

[11] “De Izquierda” se refiere a la corriente ideológica de un individuo.



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